Los estudios del psicólogo consistían en memorizar series de sílabas artificiales, como KAZ, LEZ y GEC, que no provocaban ninguna asociación ni emoción. Por eso eran completamente nuevas para quien aprendía y resultaban más difíciles de memorizar. Ebbinghaus medía principalmente el tiempo y el número de repeticiones necesarios para volver a memorizar cada serie de sílabas después de un determinado periodo. A continuación comparaba el tiempo necesario para memorizar series completamente nuevas con el tiempo requerido para volver a aprender series que ya había olvidado. A partir de los datos que presentó se creó la primera curva del olvido de la historia. Sin embargo, los datos de Ebbinghaus estaban bastante alejados de la vida real, entre otras razones porque la información memorizada era totalmente artificial, no tenía ninguna utilidad cotidiana y, como ya hemos mencionado, carecía de conexiones lógicas y emocionales. Todos sabemos, en cambio, que incluso cuando apenas empezamos a aprender un idioma, con el tiempo asimilamos cada vez más información que podemos integrar en una red de conexiones. También utilizamos con frecuencia técnicas mnemotécnicas. Además, el científico alemán empleó un único tipo de datos, organizado en series de la misma longitud. Por eso no sabemos cómo se aplicarían los resultados de sus estudios a otros tipos de información, por ejemplo, a las palabras inglesas. La base de los repasos inteligentes, en cambio, es la capacidad de adaptarlos de forma individual a cada estudiante y a cada información que se aprende. Por último, conviene señalar que el propio Ebbinghaus no presentó su curva del olvido. Esta puede reconstruirse a partir de los resultados y los datos numéricos de su experimento. Sin embargo, esa curva tiene poco en común con los gráficos que a menudo se le atribuyen en la prensa y en Internet. Esos gráficos son fruto del trabajo del doctor Piotr Woźniak, creador del método SuperMemo.